Eluana ya no está, que pena para los oportunistas que aún creen que el mundo se arregla firmando papeles y creando leyes acomodaticias. No me atrevería a decir que acaba de morir, porque Eluana estaba muerta hace 17 años, postrada, absolutamente impotente ante un mundo que la observaba desvanecerse lenta y tristemente. Aquellos que abogan por la vida necesitan una urgente actualización de sus conceptos porque la vida no es solo respirar y evacuar fluidos, mucho menos si para alguna de estas funciones elementales se requiere de un apoyo externo.
El cinismo de los manifestantes apostados frente a la clininca dejó en evidencia la inconsecuencia de aquellos que se dicen creyentes, que luchan por los derechos humanos y por las libertades individuales. En apariencia no entienden la inhumana posición a la que Eluana se vió forzada tras su accidente: como una prisionera, peor que si estuviese atada de pies y manos, inmovil, a oscuras, sin poder expresar sensaciones ni sentimientos, con heridas físicas que ninguno soportaría, muerta en vida y sometida a la triste realidad de verse privada de dignidad y decoro, algo que nadie, a menos que esté a favor de la tortura, podría aceptar.
Berlusconi, el Papa y muchos otros personajes que acostubran ver en estas tragedias la oportunidad de ganar algunos puntos en su alicaida popularidad, han puesto sobre aviso a todos los que estén a favor de lo ocurrido: serán excomulgados, enjuiciados y sometidos a las penas del infierno, sin embargo, aquellos que han sometido el cuerpo inerte de una inocente al abuso terapeutico de mantenerla artificialmente respirando, son aplaudidos a pesar de que la tortura infligida es condenada por cualquiera en su sano juicio.
Eluana ya no está, gracias a todos los dioses ha podido escapar de una prisión de carne y hueso que ya no la sostenía y gracias al destino que no quiso permitir el capricho de prolongarle por ley su tortura.


