Aunque nadie nos lea - annlea.net

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Sobre Annlea

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Toneladas, montañas de palabras, una exageración, demasiadas -repito mentalmente con los chinos que se es esclavo de lo que se dice y dueño de lo que se calla y me remuerde, muerde, desgarra, agobia, asusta la conciencia de haber escrito tantas palabras desde Annlea hasta Annlea, lo viejo y lo nuevo, ¿seremos algún día capaces de parecernos, después de tantas palabras a aquellos que escribíamos tantas palabras, leyesen o no los curiosos, los aburridos, los descubridores de escribidores con, en nuestro caso con escaso talento porque si no, después de tantísimas palabras regadas, sembradas a voleo, desparramadas, nos habríamos convertido en escritores de verdad, con lectores asiduos, como amigos desconocidos- un placer esa esquina, la dirección en el escritorio, con logo especial rodeado de emoticones muertos de risa. Albricias mediterráneas, hurra anglosajón. Era cierto. De debajo de sus cenizas, de las cenizas de las plumas del pavo real -no hubo ave fénix, salvo en el despacho de Dumbledore- está renaciendo, sólo, de momento, un polluelo desplumado, pero esperanzador, está rediviva Annlea. El domingo ha sido siempre en multitud de idiomas el día del sol, algo así como decir que el día de la luz, la alborada, la amanecida del día del señor san Juan.
Última actualización el Viernes, 12 de Septiembre de 2008 20:55  

El estilo debería ser el hombre, pero suele ser la máscara.

Charles Delessert