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ANNLEA - En portada

Crecer

Las lunas infinitas que palidecen con sólo mirarnos. Tan amplios, tan soberanamente impertinentes, crápulas y canallas, poetas y asesinos de versos, devoradores implacables de hojas en blanco que transformábamos en cualquier cosa que necesitáramos escupir. Terribles y mezquinos, soberbios e irreverentes. Torcidos y zurdos. Rebeldes adheridos a cualquier causa que nos levantara el estómago y nos hiciera vomitar. Sinceros hasta el dolor ajeno, y el propio. Autocompasivos sin compasión. Odiando al pasivo, al que se deja arrastrar, a los muros, a las líneas pintadas en el suelo, a los colores que ondean en trozos de tela, a los himnos, a lo limitado, a lo aburrido, a lo pactado. No... nadie dijo que crecer significara negarse.
 

Eluana ya no está

Eluana ya no está, que pena para los oportunistas que aún creen que el mundo se arregla firmando papeles y creando leyes acomodaticias. No me atrevería a decir que acaba de morir, porque Eluana estaba muerta hace 17 años, postrada, absolutamente impotente ante un mundo que la observaba desvanecerse lenta y tristemente. Aquellos que abogan por la vida necesitan una urgente actualización de sus conceptos porque la vida no es solo respirar y evacuar fluidos, mucho menos si para alguna de estas funciones elementales se requiere de un apoyo externo.

El cinismo de los manifestantes apostados frente a la clininca dejó en evidencia la inconsecuencia de aquellos que se dicen creyentes, que luchan por los derechos humanos y por las libertades individuales. En apariencia no entienden la inhumana posición a la que Eluana se vió forzada tras su accidente: como una prisionera, peor que si estuviese atada de pies y manos, inmovil, a oscuras, sin poder expresar sensaciones ni sentimientos, con heridas físicas que ninguno soportaría, muerta en vida y sometida a la triste realidad de verse privada de dignidad y decoro, algo que nadie, a menos que esté a favor de la tortura, podría aceptar.


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En precario

Eres todo mi ilusión.

Soy - Gipsy Kings



Vengo poco, para qué vamos a engañarnos.

La culpa no es tanto mía como de que no he encontrado sitio apropiado para discurrir unos párrafos en la nueva casa. Muy grande, muy cómoda, mucho termostato, mucha vitrocerámica y mucho congelador, pero ni un rincón donde me apetezca ponerme a escribir.

Y es que yo cuando quiero soy como uno de esos políticos, bueno, quizá no tan malo, pero si estoy dispuesto a veces a echarle la culpa al empedrado. Y la culpa ya no es mía, sino de esta casa que ahoga en confort las ganas de escribir dos párrafos del Vivo y digo. Que sí, que soy de tirar balones fuera, como hacen tantos sin que importe a nadie.

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Diez años de historia

Reconozco que la tentación es grande y voy a acercarme para verte. Eres un hombre con cara de niño, esa es la maldición de nuestra familia que en primera instancia crea el prejuicio de la falta de seriedad y hace difícil el contacto, pero a la postre facilita la acogida con gente de todas las edades.

Se que quieres respuestas y no las tengo.

Se que tienes inquietudes que nadie comparte y las manifiestas con lápiz y papel; habrá quienes digan que tu futuro está en las letras, que no tienes como evitarlo, pero lo cierto es que el destino no está escrito aún cuando la genética pareciera cifrar cada uno de nuestros movimientos sobre esta tierra. También tienes dotes pictóricas y no me sorprende, no obstante, jamás apostaría a verte exponiendo tus obras al arbitrio público (por egoísta que parezca, yo aún no lo hago).

Apenas conozco pequeños detalles de tu vida y creo que no debe interesarme nada; el pasado no existe porque no lo compartimos y no vale la pena hurgar en páginas mal escritas de mi vida. No estuve en tu primer día de colegio, no consolé tus primeras lágrimas de amor ni sufrí la espera impaciente al regreso de tu primer baile... haz sido quizá un recuerdo lejano y triste de momentos que se diluyeron en la tinta de mis cuentos.

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Reloj de arena

El tiempo siempre jugo en mi contra.
 

La paz y la guerra me sumieron en un caos del que nunca supe ni quise salir. Intenté vivir a mi forma, rotunda y febril.
 

Caminé por las calles, sola. Me caminé sola y libre, triste tal vez, en aquellos momentos en los que no me supe entender, en los que necesite tu mano en mi pelo. Y no me entendí porque tú no quisiste entenderme.
 

Rogué tu paz bajo las sábanas arrugadas de aquellas noches eternas, y no obtuve ni paz ni guerra. Sólo la espalda perversa del que no tiene más palabras que regalar que las que se escapan de los libros que amontona en la mesita de noche.
 

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El duende particular

     Al doblar la curva del río, entre la espesura de hayas, hay una gran piedra plana, redonda, semiroída en uno de sus cantos. Sentado en ella, apoyado sobre la cagiga milenaria puede contemplarse el río. El agua juega y arremolina espuma entre los surcos de las rocas enmohecidas. Un hilo de luz se asoma por el techo de hojas y, desde arriba, dibuja un arcoiris en la orilla, un manto multicolor que envuelve al hada del arpa, que danza y deja bailar sus dorados cabellos al sol, rodeada por un séquito de diminutos duendes, numerosos y curiosos, que se acercan y rodean la gran piedra plana. Algunos, de nariz arrugada, son feos y se esconden detrás de los árboles.
  El más bello se acerca y mueve los labios. No me habla, pero le escucho y, mientras se acompaña de suaves movimientos y ademanes delicados, me explica que lo veo porque soy niño. Se llama Particular, respondiendo a mi pregunta y continúa explicándome que él es el duende que me corresponde. Sí, de acuerdo al carácter de cada uno nos acompaña uno u otro duende y, por un instante, suspiro aliviado de que no sea uno de los que se ocultan tras las peñas. Con gestos elegantes se da prisa en aclararme que no somos niños siempre, que luego crecemos y es natural que así sea, pero que perdemos el alma niña y nuestro espíritu queda enturbiado por el tiempo. Después, un día, cuando contamos el secreto desaparece finalmente el hechizo.
   Aún resuena el eco del duende en mis recuerdos. A la entrada del río, hoy, un cartel de grandes letras se anuncia: "Se Vende Finca Particular"… Lleva ahí tantos años como los que yo anduve fuera del hogar. Ahora sé que no existe riqueza alguna capaz de comprar lo que ese bosque esconde. Y si lo hubiera, andaría igualmente sobrado de ignorancia al desconocer el verdadero valor de tesoro tan incalculable.
   …Hoy espero al otro lado del puente y, desde la orilla, a veces veo llegar algún niño que regresa por el camino vecinal, junto al río. No parecen ni tristes ni alegres… Son sólo niños, verdaderos niños que el río contempla a su paso.

 

 

El autor:
http://leetamargo.blogia.com
(c) Luis Tamargo.-


 

San Valentín

Hoy es san Valentín, erigido el pobre san Valentín, por obra y gracia de la sabiduría comercial en patrón o patrono de los enamorados. La cosa es ponerle al año hitos donde diga que es el día de los enamorados o de las madres, los padres, los Reyes Magos, el Arbol o santa Claus, algo que traiga las faltriqueras a la gran superficie donde la espera la sagacidad comercial, jugando luces y colores para que compre usted, compréis vosotros y obsequiéis a unos y otros, los mayores, los niños, los divorciados. Hay que buscar con urgencia un patrón o patrono para esa nueva legión de los divorciados de ambos sexos, que salen de la experiencia o con una risita que se adivina artificial o con el rictus de mira tú cómo me ha dejado la otra parte, que siempre parece a cada cual que le ha pelado más de la cuenta. No es más que el fenómeno habitual de que al que tiene y suelta, parece siempre que suelta demasiado y al que carece y recibe, no le bastaría nada para saciarse. La cosa es que hoy es el día de los enamorados recientes, recién novios o pretendientes, que acreditan su excitación con un ramo, y para los recalcitrantes de muchos años, que vienen con su manojo y la sonrisa ya blanda de que por fin lo estamos logrando, eso de la fidelidad y la monogamia y hay hoy un apacible clima.
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