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ANNLEA - En portada

Día del escritor

CAMINANTE . . . Caminante de la pluma y la quimera que en el cofre espiritual de tu existencia, atesoras esa lírica vivencia de inspiración que el Creador te concediera. Trashumante de Universo sin frontera, ave fénix, que buceando en la conciencia a tus alforjas colmadas de experiencia regalas en versos por doquiera. Que en las mismas coordenadas nuestras manos entretejan con estrellas la esperanza, y su luz en nuestras almas nunca muera. Yo te invito, a que volemos como hermanos, por galácticos senderos de bonanza, pues un tiempo venturoso, nos espera.


 

Ciclos

Una semilla en esta tierra desolada, muerta, sin esperanza. Eso es lo que era, una contradicción desde el principio. Pero se aferró a la vida y germinó a pesar de todo, a pesar de mí misma, de mi cansancio, de mis miedos. He visto crecer a mi hijo con el fervor de quien presencia un milagro todos los días, pero hay cosas que no pueden evitarse. Por eso, mientras él ve nacer a los suyos, yo me marchito sin remedio.


 

Espacio vital

Cuando camino por la calle, me divierte comprobar las distintas distancias corporales que marcamos sin darnos cuenta. Esto se nota especialmente en el transporte público. Por ejemplo, si eres el único pasajero y sube alguien, jamás se sentará a tu lado. De manera inconsciente, buscará un asiento libre que no esté demasiado lejos o excesivamente cerca. Es algo que he comprobado infinidad de veces, pero puedes hacer la prueba si quieres. Pues aún sabiendo que es totalmente imposible, siempre que la veo entrar espero contra todo pronóstico que se siente a mi lado.

 

Reencuentro con viejos retos

 

El tiempo pasa y nosotros con él. Hoy a raíz de una tontería, he recordado esta web en la que hace ya casi 6 años participé durante una temporada. La recuerdo con cariño y nunca la he olvidado porque escribir es un reto que siempre me acompaña.

El motivo de estas letras es simplemente un reconocimiento, una dedicatoria a Anado y Bosco, personajes de esta web que siempre admiré y que hoy por una casualidad, (¿realmente exsten las casualidades?), he entrado de nuevo para descubrir con inmensa alegría que aún sigue viva.

Además los dos tenéis blog y, mi curiosidad ha sido más fuerte que la prisa, los he visitado, y cuál ha sido mi sorpresa al poder poneros cara a ambos. La verdad es que realmente vuestros blog responden a lo que vuestros relatos me inspiraban y a lo que vuestros comentarios a mis relatos influyeron en mí.

En fin, esto es solo un pensamiento y un reconocimiento a la labor de ambos y vuestros relatos. Espero poder seguir vuestros blogs y volver a participar aunque sea un poquito en esta web que con tanto cariño mantenéis viva, annlea.

 


 

Turistas en el infierno

El polvo en el aire se cuela por los poros rasguñando las fosas nasales hasta forzar estornudos compulsivos que humedecen las vías respiratorias solo para dar paso a nuevas bocanadas de esa nube irrespirable que se impregna en la memoria incluso por horas después de abandonar la zona devastada.
Los maderos crujen como huesos de una ciudad resquebrajada que ha llegado a la senectud en la peor forma.


En todos los rincones de la vieja ciudad, donde otrora se albergaba digna la historia de un país bicentenario enmarcado por la nobleza del adobe y el señorío de las tejas, la tierra se agolpa confundiendo el paisaje urbano con la campiña apenas alejada por algunos kilómetros. Nuevas colinas, sinuosas montañas en ciernes surgiendo de las ruinas de casonas de estilo clásico destrozaron el rostro de la capital maulina, y en el caos, a medio tránsito entre ángeles caídos y demonios buscando redención, circulan sádicos turistas cámara en mano hurgando entre la devastación en busca de la mejor imagen, algunos incluso posando frente a los escombros como quien visita las ruinas de Pompeya.



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A la deriva

El mar se agita, y yo con él, pensaba que navegaba en un gran crucero, y  de repente, despierto salpicada por saladas gotas de realidad que me hacen ver mi verdadera situación... Voy a la deriva en una balsa fabricada por 5 troncos de vida, la experiencia, el estudio, la ilusión, el trabajo y la soledad del que no sabe hacia dónde va y del que se sabe solo en compañía.

Voy a la deriva, al frente el horizonte de la verdadera soledad que da paso al verdadero amor, a lo lejos veo el horizonte de la verdadera vocación, hacia él me dirijo pero cada vez que lo alcanzo era solo un espejismo, empiezo a dudar, no sé si existe. A la izquierda, un antiguo amor, o quizá el único, acompañado de recuerdos y lleno de amistad, pero, ¿debe ser él?

Otra gota me salpica, sigo en mi balsa, a la deriva, buscando mi propia conciencia, conociendo mi camino, alguien me acompaña, ¿me acompaña?, ¿me frena?, ¿me ayuda?, ¿me ama? No lo sé, ¿alguien lo sabe?

SOLO YO LO SÉ, pero... ¿estoy preparada para dejar mi balsa y mi deriva?

 


 

Donde nacen las olas

La calma invadía la tierra. Sus habitantes, apacibles, sembraban, recolectaban y celebraban con alegría sus fiestas... Un día llegó Elqueotea, corriendo, como siempre, pero algo más excitado. No era para menos, bajaba de la gran montaña que preside el poblado, la que llamamos Lamásalta. Aseguraba que desde allí había contemplado cómo se volvía azul la tierra.

La siguiente incursión de exploradores trajo cuatro noches de luna, para debatir el misterio... ¡habían descubierto el mar!

Aunque en nada variaban sus vidas, tampoco ya eran las mismas. El ancho portalón frente al horizonte del océano quedaba, tentador, entreabierto. Esos eran los primeros tiempos, cuando comenzaban las incursiones hacia el mar. Así fue como la Isla de la Calma se convirtió en un puerto socorrido por navegantes y aventureros...

Para algunos olvidado, para otros añorado, de vez en cuando, mas no siempre... Después siguieron otras expediciones, las del mar lejano. Ello trajo la disgregación entre las familias, unos regresaron, sin embargo otros no.


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